La estrategia de las Artes Marciales
Tuesday, 09 August a las 04:33:15

Enviado por Swanescalona

O. Omar Edwin Pérez Padilla

Uno de los temas de mayor fascinación en las artes marciales ha resultado ser, a través de los siglos, el relativo a la estrategia. Desde la perspectiva oriental, el tema no se reduce únicamente al plan a seguirse en el momento mismo del combate. El asunto va mucho más allá de ello. De hecho debiéramos decir, que va mucho más atrás que el momento mismo del enfrentamiento. Porque no hay estrategia que funcione sin la preparación previa del guerrero. La estrategia comienza, así, con su preparación integral. Y, por integral, entendemos aquella preparación que lo es ciertamente física, pero también mental y espiritual.


LA PREPARACION FISICA.
¿Se imagina a un guerrero cuya condición física fuese frágil? ¿Sería razonable esperar de él que ganase una batalla? ¿Por qué tendríamos que esperar el éxito también de un empresario débil, sin capacidad física para hacer frente a los retos diarios que un negocio implican? No en vano los orientales contemporáneos invierten una parte de su tiempo cotidiano en el ejercicio físico. La medicina occidental también lo reconoce como un aspecto relevante para el desempeño eficiente en el trabajo. Uno de los males modernos más recurrentes es el estrés, sin duda. Este es fuente de una cantidad asombrosa de trastornos cuya manifestación más frecuente es en la parte física del individuo. Aunque la víctima del estrés, a veces ni siquiera sospecha el origen de sus padecimientos. Las formas de somatización del estrés son increíblemente diversas. El hombre moderno se ve aquejado, así, de insomnio, dolores de cabeza, trastornos digestivos, cardíacos, menstruales, o los que afectan a la fertilidad, los problemas eréctiles (cada vez más frecuentes), o los de la piel, sólo por mencionar algunos. Y desde luego, están todas las complicaciones de orden psicológico como la irritabilidad, los trastornos alimenticios, la ansiedad, etc.
Y mucho de todo esto podría evitarse o, cuando menos, atemperarse, si esas personas se permitieran una dosis regular de ejercicio, que los ayudase a liberar algo de esa tensión destructiva que se acumula en el cuerpo.
El emprendedor, por eso, ha de cuidar su cuerpo. Es su instrumento más inmediato para entrar en contacto con el mundo y moverse en él. Es sorprendente el tiempo que la gente puede invertir, sin el menor sentimiento de culpa, en las peores tonterías imaginables, como ver programas enajenantes en la televisión, o parlotear destruyendo reputaciones de personas, o alcoholizarse, etc. Pero le niegan a su cuerpo el tiempo necesario para que funcione en las condiciones deseables de salud. Eso sí que es raro. Pero sucede a diario. Y la mayoría es experta en justificar el descuido de su salud. El guerrero y el emprendedor no deben buscar pretextos. Deben, por el contrario, aplicarse disciplinadamente a mantener su cuerpo en óptimas condiciones para poder enfrentar todos los retos que la vida les proponga. Esa es la estrategia: prepararse con regularidad para estar en forma. Que un combate no nos aniquile. La vida del emprendedor está llena de sucesivas contiendas. Más le vale tener la condición suficiente para superarlas todas. No hay muchas treguas en el camino del guerrero y del emprendedor.

LA PREPARACION MENTAL.
Los modelos mentales hacen toda la diferencia que se pueda uno imaginar. Los modelos de percepción de la realidad, esto es, las formas que tenemos de decodificar el mundo y sus fenómenos, determinan la forma en que nos relacionamos con ellos. Así, la forma de percibir es lo que constituye nuestra propia realidad. El asunto es de fondo, pues. En la medida, por ejemplo, en que se le atribuya a las cosas un tipo de características que no tienen, (salvo en la medida que nosotros se las imputamos), podemos llegar a establecer relaciones equivocadas y neuróticas con ellas. Por eso, el samurai practicaba persistentemente la meditación en torno a la verdadera naturaleza de las cosas, de la vida y de la muerte. Lo hacía incluso y, sobre todo, antes de marchar a la guerra. Precisamente en ese momento, que sabía decisivo, se sentaba en calma frente a una hoja de delicado papel de arroz y practicaba una forma de meditación muy elegante que usaba de la caligrafía, como si el pincel fuese una sublimada espada. Entonces trazaba con estética maestría las líneas que expresaban su afilado pensamiento en un poema, quizá el último de su vida. Lo podía hacer así, como resultado de la penetración profunda que el estado contemplativo le permitía hacer sobre la naturaleza verdadera de las cosas. Así entendía la impermanencia de las cosas; la interdependencia de los fenómenos; la causalidad de todo cuanto nos ocurre y, por lo tanto, nuestra responsabilidad personal respecto de nuestra propia vida; la vacuidad de las cosas y fenómenos, entendido esto como el hecho de que nada es inherentemente de un cierto modo, sino que, más bien, nosotros somos quienes hacemos imputaciones a menudo neuróticas sobre ellas, etc. A este tipo de conclusiones llegaba a través de asiduas meditaciones analíticas, que le permitían desmantelar los modelos mentales heredados por la socialización a que todos estamos expuestos. No era un camino fácil. Pero era este otro tipo de ejercicio ahora contemplativo, el que le permitía enfrentar la batalla con ecuanimidad y sin apego para con los bienes o para con la vida misma. Así, no hay fracaso ni victoria. Tan sólo se vive superándose a sí mismo, dejando una estela heroica plena de belleza, armonía interior, valor y determinación. Los demás suelen llamar a eso el `éxito`. Pero para el guerrero tan sólo significa vivir la vida de manera impecable.

LA PREPARACION ESPIRITUAL.
Pero la estrategia del guerrero no termina cuando ha deconstruído su percepción errónea del mundo. Quien aspira a la perfecta comprensión de la Vida, emprende un viaje más sofisticado aún. Trátase de la transformación de orden espiritual del individuo. Aquí el reto es trascenderse a uno mismo. Se logra, en parte, cuando se desarrolla la compasión por el otro, por todos; de hecho incluso por los enemigos. Es un asunto que requiere del mayor de los esfuerzos espirituales imaginables. Sobre todo cuando se ha sido educado en el odio hacia los diferentes a nosotros, o cuando menos en la intolerancia para con ellos. Ahora la energía del individuo se compromete con un tipo de transformación que le hace buscar el bienestar de quienes le rodean, antes que el suyo mismo. El altruismo se instala no sólo en su mente sino, auténticamente, en su corazón. Esto es lo que hace que el guerrero se conduzca con honor, hasta en los momentos extremos de la guerra. Esta paradoja resulta de otro modo inexplicable. El guerrero acude a la cita violenta, pero sin odio en su pecho. De allí proviene la eficacia de su técnica guerrera. Ni el odio, ni el miedo le perturban. Asiste sereno a la contienda, con la convicción de que lo hace para proteger y defender aquello que ama y respeta.
Asume que la muerte es parte de la vida. No es una resignación triste. Es una comprensión ecuánime que le hace disfrutar con mayor intensidad su preciada vida humana, mientras la tenga.

La estrategia, como queda consignado ya, no empieza en el momento del combate. Es mucho antes, con la preparación integral del guerrero, como se construye el éxito en la contienda. Al menos así creo que lo entendieron los grandes maestros desde antiguos tiempos.


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